quarta-feira, março 01, 2006

Sobre el Origen de la Kaguamanta, reelaboración de Leyenda Urbana Conca'ac de PaurakeMantarraya alias el "KaguaMan"

El origen de la Kaguamanta


Desde el cielo una hermosa Kaguama
desde el cielo una hermosa Kaguama
y era Mantarrraya y era Mantarraya
y era Mantarraya la que me encontré.
-Alabanza a la virgen de Manta del Karmen, Fragmiento
Santa Rosalía, Baja California Sur-


Yo soy el marino
que alegre de Guaymas
salió una mañana
llevando en su barca
como pez piloto
una kaguamanta
-La barca de Haguaymas, Fragmento
Punta Chueka, Sonora-



La Kaguamanta es uno de los primeros seres que tienen su origen en regulaciones ecológicas y en el reporte de un policía nativo.

En el noroeste de México acostumbran desde hace cientos, quizá miles de años, comer infinidad de productos oceánicos, entre otros: la Kaguama; tortuga marina de gran tamaño que tiene una carne y sangre exquisitas.
Los mismos Tigres del Norte llegaban a la orilla del mar para celebrarla y cantarla:


Kaguama de Guaymas
de La Paz y Cabo de Hornos
me prestas las conchas
para hacerme unos adornos...

Pero durante la década de 1980 llegaron las modas ecologistas y lograron una victoria pinchurrienta: evitar, oficialmente, que se comercializara carne de kaguama en la vía pública. Dizque el animal estaba en peligro de extinción, ¡como si ninguno de nosotros lo estuviera!
La prohibición era algo radical: en ciudades como Santa Bárbara, Mochis, Hermosillo y Ensenada, se vendían tacos de tortuga como en el Noreste se consumen tacos de res, caballo, gato y perro; había puestos de venta de carne de kaguama como estrellas tiene el firmamento de las playas vírgenes sonorenses.
La gente estuvo a punto de levantarse en armas con el pretexto de la medida, pero los pescadores de la costa desértica volvieron sus redes y arpones a un genérico intercambiable: la mantarraya; pez consumido ocasionalmente pero no tan apreciado como la tortuga marina.
Así, literalmente, se acabaron las Guamas y empezaron las Mantas. Los pueblos del Golfo de California pronto descubrieron la compatibilidad entre ambos seres y empezaron a comer carnes similares de Kagua ¡Manta!
Esa adaptación gramaticoculinaria salvó al Noroeste de una revuelta porque los expendios ambulantes siguen funcionando y vendiendo hasta la fecha los deliciosos bocados de kaguamanta.

Finalmente, el nuevo ser se apareció en una playa de Isla Tiburón; allí, un surfista caminaba sobre las aguas y pisó accidentalmente la cola de una raya, cuyo aguijón lo hizo sangrar. El oficial de policía Conca’ac que estaba de guardia le dio los primeros auxilios aplicándole unas hierbitas y solicitó ayuda por radiofrecuencia diciendo “¡fierro!, envíen en chinga refuerzos médicos porque tenemos una baja por Kaguamanta”.
Pronto, el rumor se extendió por todo el Pacífico Norte y llegó a los pescadores que alegres o tristes salen de Ensenada, quienes ahora cantan estrofas como la siguiente:

Preparan las redes
también los arpones
buscando curvina
o tal vez tiburón.

Luchan como fieras
por querer sacar
una kaguamanta
que alegre el hogar.

El resto es memoria.
Cuando se acaben las chingadas Kaguamantas ¡a ver que otro animal nos inventamos para comer! Los ecologistas enfadosos ni se preocupan porque la mayoría son vegetarianos radicales libres.