sexta-feira, julho 01, 2005

Notas de fin de milenio pasado: el norte, again and again and again...

Otra vez el norte de Nuevo León. Tuve que ir a Anáhuac y Colombia a un trabajo de la Subsecretaría de Kultura; iba sin muchas ganas porque no me interesaba la actividad -una obra de teatro- y porque en realidad no iba a realizar algún trabajo específico. Aún así aproveché desde el trayecto en carretera para repensar algunas cosas: repensarme. La perspectiva de otros paisajes, otros trayectos, otras gentes, permite siempre reflejar nuestras ideas y sensaciones de una manera diferente a la común; quizás por eso escribí el borrador de un poema dedicado a un norte que hipóteticamente- es el norte al que viajaba (Aridoamérika). Esto último fue un gran logro debido a que ya tenía tiempo de intentar escribir otra vez algo de poesía.
El viaje tuvo un pequeño incidente que pudo desembocar en algo grave: la camioneta en la que ibamos derrapó a gran velocidad, avanzó un tramo zigzagueando y no estuvimos muy lejos de salirnos de la carretera o chocar de frente con un vehículo de carga pesada que venía en sentido contrario; yo me imaginé lo peor pero aún así tomé las cosas con una sorprendente calma, tanto en los instantes que se perdió el control de la camioneta, como en los posteriores que se recuperó: “Así de fácil se puede morir uno” pensé repetidamente y se lo mencioné al chofer en voz alta.

Llegamos a Anáhuac poco después de las cuatro y, para las siete y media de la noche, ya estábamos en Colombia, en la frontera internacional nuevoleonesa. Desde la plaza de Colombia pensaba irónicamente que me encontraba a unos cuantos cientos de metros del llamado primer mundo; reflexioné al mismo tiempo sobre el municipio situado en el extremo sur de Nuevo León: Mier y Noriega; en esta reflexión y sentir de nuestras comunidades meridional y septentrional tuve plena conciencia del grado de atavismos y carga ideológico-cultural que ejerce Norteamérica. Recuerdo a Mier y Noriega como el fin -no sólo de Nuevo León- sino del mundo. Dicho municipio me da la evocación y sensación de un final casi absoluto; da la idea de ser una versión regional de la última Thule, las antiguas columnas de Hércules, Plutón, etc. He imaginado incluso que a unos cuantos kilómetros al sur de Mier y Noriega la tierra se corta abruptamente en un abismo infinito.
En el municipio de Colombia la sensación es diferente; también es una población solitaria entre el monte y las estrellas, aferra su vida a unas cuantas luces, unos cuantos niños, un puente internacional y un par de polícias que a simple vista no tienen razón de ser. Sin embargo, Colombia no da la sensación de aislamiento y final que da Noriega. Supongo que se debe a la cercanía de los Estados Unidos de Norteamérica, pero es algo que no logro identificar con claridad.
(Por ahí, en algún tramo del 94-95)